La literatura debe poner las cosas en su lugar: Miguel Tapia

Juan Carlos Castellanos C. (Especial). México, 12 de enero/Notimex. En buena medida, muchas de las novelas que se han escrito en México sobre el tema de la violencia hacen parecer que la literatura quiere competir con esa situación mediática y crean una suerte de complejo donde la literatura se siente desplazada, aseguró el escritor Miguel Tapia (Culiacán, 1972).

En el marco de la presentación de su novela debut, Los ríos errantes, consideró que la literatura debe poner las cosas en su lugar, y marcar la pauta sobre cómo abordarse los diversos temas sociales. “A los escritores corresponde hacer eso, descifrar la historia social, mostrar lo que sucede, el fluir de los hechos y los accidentes de esos hechos”, dijo.

Mencionó que para él, tomar esa posición literaria era una necesidad básica que poco a poco fue descubriendo, hasta que ha podido asumirla completamente. Los elementos que aparecen en la novela, como el río, el personaje central, la región geográfica y el entorno, estaban en su mente y los plasmó desde el primer micro relato que derivó en esta obra.

Explicó que la voz del personaje, que es al mismo tiempo el narrador, fue lo primero que tomó para avanzar en la novela. “Fue un trabajo demasiado duro hallar una voz que me pareciera natural, expresiva y creíble. Pero luego vino otro aprieto: Ver hacia dónde tendría que ir esa voz”, abonó Tapia a sus declaraciones, orgulloso por su primera novela.

Destacó que en el proceso creativo de Los ríos errantes, deseaba hallar una voz sencilla y promedio, que correspondiera a la ubicación donde estaba para que resaltara su entorno. “Cuando sentí que la voz estaba ahí, vino el trabajo colectivo: Retomé las opiniones y los puntos de vista de mis compañeros del taller literario que cursé, para nutrir esta historia”.

En otro orden, subrayó que fue muy importante la lectura de numerosos libros que se han editado en México sobre esas temáticas, sobre todo, por escritores de la zona norte del país. “Me inspira lo que han hecho sobre el tema, pero yo buscaba hacer algo original. Al mismo tiempo, había autores de los que me quería alejar para no ser parecido a ellos”.

Llena de regionalismos que reflejan el habla del territorio donde se lleva a cabo la acción, ésta es una novela publicada en 2017 y totalmente atípica, como el lenguaje que utiliza en sus 198 páginas, donde el protagonista y narrador es un adolescente que habita en el norte de México, vive sus primeros escarceos románticos con varias chicas, y desea ser músico.

Vive con su madre, ve a veces a su padre, modelo de fracaso sentimental, asiste a fiestas, visita una cantina, y se enamora de una joven que no le hace mucho caso; la violencia es algo de lo que habla a veces, algo que le ocurre o le ha ocurrido a otras personas, a veces cercanas, hasta que en una fiesta la violencia lo pesca y lo envuelve extraordinariamente.

En el ambiente de calor y machismo, de fiestas, coches y armas, esta novela no cae en ninguno de los lugares comunes de la narrativa norteñas obre la violencia; se concentra en las cuitas del joven Werther y su relación con el desempleo, los sueños incumplidos, la separación, la soledad, la opacidad del mundo, del pasado, y de quienes lo rodean.

Si bien aquí no hay balaceras ni ejecuciones, el contexto de la violencia en que se halla sumergida la ciudad-escenario llega en algún momento a tocar directamente la vida de los personajes y la transforma. Esta novela de aprendizaje y educación sentimental, llama la atención por la fuerza de su lenguaje, que habla de un narrador con dominio de su estilo.

Miguel Tapia, estudió ingeniería, literatura y música, y ha ejercido esos y otros oficios en su ciudad natal, en la Ciudad de México, en Barcelona y en París. Autor de los libros de cuentos Los caimanes y Señor de Señores, sus relatos están en varias antologías. Tras sus declaraciones, invitó a Eduardo Antonio Parra y a Martín Solares a la presentación.

Eduardo Antonio Parra (León, Guanajuato, 1965), cuentista y ensayista, comentó que se trata de una novela bien acabada, de la que llama la atención el poder de la prosa, densa y muy poderosa. “Los acontecimientos, aunque guían la trama, son lo de menos ante lo que el narrador cuenta y hacer sentir: El calor de Culiacán, el ambiente y los ríos de la zona”. 

En su oportunidad, Martín Solares (Tampico, Tamaulipas, 1970), editor, narrador y ensayista, destacó que se trata de una obra que se desmarca de las novelas de violencia. “El autor eludió el tema, y con ello se acercó; para acercarse mejor, se alejó”. “Los ríos errantes se puede leer como una parábola sobre a dónde nos puede llevar el amor”, concluyó Solares.

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