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Hallan en ‘La Playa’, Sonora, el resto de maíz más antiguo en el noroeste

México., 16 de enero de 2018/Notimex. A diferencia de Mesoamérica, donde el maíz se ha considerado el alimento principal, en el norte de México fue sólo un complemento en su dieta de recolección y caza, concluyeron Guadalupe Sánchez y John P. Carpenter, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Sonora, encargados de explorar en el sitio arqueológico La Playa.

Al dar a conocer sus hallazgos, los estudiosos revelaron que en el sitio fue encontrado el resto de maíz más antiguo a la fecha en el noroeste de México, y que emergió en bandejas de agua. Este fue fechado en 4299-4142 años antes del presente.

Recordaron que el hallazgo mencionado, que resulta ser el más temprano en el noroeste de México, data de septiembre de 2017, y fue hecho durante las excavaciones a 80 hornos de tierra encontrados en el referido sitio arqueológico, donde al menos el 70 por ciento presenta restos de maíz.

Se trata de hoyos hechos en el suelo que utilizaron piedras ardientes para cocinar alimentos. Su tamaño es variable: miden de medio a un metro de profundidad y pueden tener de un metro a varios de diámetro, donde se han encontrado esos restos.

Guadalupe Sánchez explicó que La Playa es un sitio arqueológico complejo para su estudio, en el que tienen 10 años trabajando, a lo largo de los cuales no han obtenido registros de formación de suelos entre cinco mil y ocho mil años, seguramente porque fue un periodo de mucho calor y poca lluvia, conocido como altitermal.

Durante el periodo altitermal, dijo, la gente no pudo habitar el desierto y buscó refugio fuera de él, con pueblos que hablaban su misma lengua: el yuto-aztecano. La gente que emigró hacia el sur convivió con grupos que cultivaban maíz, donde hoy es Sinaloa obtuvieron los granos y aprendieron de aquellas personas.

De regreso en La Playa, pasado el periodo altitermal, los trashumantes comenzaron a desarrollar agricultura de irrigación y cultivar maíz en el desierto: a través de canales desviaron el agua de un arroyo hacia campos de siembra.

La erosión por acción del viento y agua ha dejado descubiertos esos canales en algunas áreas del sitio arqueológico, sin embargo, están pendientes nuevas exploraciones en busca de más sistemas de riego, justo en el espacio donde se encontraron los hornos con el maíz más antiguo, dijo Sánchez.

Pero a partir de lo que tienen, Sánchez Miranda y Carpenter Slavens proponen que del norte de Jalisco hacia Sinaloa, Sonora y hasta Arizona, hace por lo menos cinco mil años se abrió un corredor cultural de gran relevancia que facilitó el intercambio de ideas e insumos entre los grupos prehispánicos de habla yuto-azteca, de quienes descienden los actuales pápagos, pimas, tepehuanos, tarahumaras, guarijíos, mayos, yaquis, coras y huicholes, en la división sonorense o mexicana, y los hopi y comanches, en la división yuta de EU.

Los investigadores detallan que en Arizona, en la cuenca del río Santa Cruz, Tucson, se ha descubierto media docena de sitios con vestigios de maíz temprano. En ese contexto, La Playa, en Sonora, está considerada una de las zonas arqueológicas más espectaculares del norte de México y suroeste de Estados Unidos, con una historia de 10 mil años de ocupación humana.

En sus 12 kilómetros cuadrados, como resultado del Proyecto Arqueológico La Playa, co-dirigido por Carpenter y los arqueólogos Elisa Villalpando y James Watson, se han descubierto no sólo vestigios de fauna extinta del Pleistoceno, de hace 13 mil años, sino rastros de grupos paleoindios Clovis, de hace 10 mil años, y de bandas de cazadores recolectores de 7500 a 1500 antes del presente.

También ha arrojado importantes descubrimientos de materiales de los primeros agricultores (1500 A.P. a los primeros siglos de nuestra era), entre éstos, casas habitación, áreas de cultivo, canales de irrigación, herramientas líticas, entierros, talleres de fabricación de piezas en concha y hornos, a los que ahora se suma los residuos botánicos que dieron como resultado una de las tres fechas más tempranas de restos de maíz (cúpula) entre 4299–4142 años antes del presente.

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Organizan exposición sobre cultura mixteca en Palacio Nacional

México, 13 de enero/Notimex. Por primera vez es organizada una exposición sobre los mixtecos, cultura milenaria cuya geografía va más allá de las altas montañas de Oaxaca: “Ñuu Dzahui, Señores de la Lluvia”, que se puede visitar hasta mediados de este año en la Galería de Palacio Nacional, en el Centro Histórico de esta ciudad.

La muestra, que reúne alrededor de 500 piezas, desde documentos históricos hasta expresiones contemporáneas, “rompe con los esquemas de una exposición estrictamente arqueológica, para proponer una muestra cultural de lo que son los mixtecos”, destacó Nelly Robles García, coordinadora del guión curatorial.

A través de la muestra organizada por las secretarías de Hacienda y Crédito Público, a través del recinto sede, y de Cultura, mediante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se podrá conocer a este pueblo originario que abarca además de Oaxaca a parte de los estados de Puebla y Guerrero.

Lo exposición es enriquecida por acervos de otras instituciones públicas y privadas, e incluso de las propias comunidades mixtecas, con el fin de que el “pueblo de la lluvia”, el Ñuu Dzahui, revele toda su belleza y heterogeneidad cultural.

Sobresalen ricas piezas arqueológicas recuperadas de contextos como la Tumba 7 de Monte Albán, el entierro de la “Señora de Yucundaa” o la recreación de una típica casa mixteca, hecha ex profeso por habitantes de Tepelmeme Villa de Morelos.

Asimismo, documentos de enorme valor como el Códice de San Vicente del Palmar, artesanías en diversos materiales, lotes de objetos miniatura y una colección de instrumentos musicales.

Fue organizada en nueve núcleos temáticos: La creación mítica, Cosmogonía, Los mixtecos arqueológicos, La vida cotidiana (basado en la explicación de la casa mixteca, donde se nace, vive y muere), Señoríos posclásicos, Alianzas, El arte de escribir, La transición al siglo XVI y Los mixtecos de hoy.

Así, se puede conocer desde las primeras aldeas, un par de siglos antes de nuestra era, hasta la actualidad, con una exposición plástica de creadores contemporáneos de origen mixteco, como el reconocido Rufino Tamayo o el reciente José Luis García, con su cerámica de alta temperatura.

Orgullosa de su pueblo, Nelly Robles, investigadora del INAH, expuso que la no construcción de grandes urbes rectoras pudo haber invisibilizado a los mixtecos, pero en las últimas décadas ha habido una “explosión” de investigaciones arqueológicas en las mixtecas Alta, Baja, de la costa oaxaqueña, guerrerense y poblana.

Se conoce ahora aldeas de influencia olmecoide asentadas dos milenios antes de Cristo como los antecedentes más remotos de los mixtecos, una de ellas está en Etlatongo, cerca de Nochixtlán, Oaxaca, y se estima como las primeras poblaciones de esta cultura a Monte Negro, cerca de Tilantongo, Yucuita y Huamelulpan, en la Mixteca Baja, indicó.

Resaltó que su habilidad para negociar, establecer alianzas matrimoniales y la expansión bélica les permitió establecer señoríos fuertes y autónomos, mismo que mantuvieron de la misma manera con la llegada de los españoles, si bien las epidemias diezmaron su población.

Puso como ejemplo de aquello el entierro de la “Señora de Yucundaa”, cuya importancia es comparable a la Tumba 7 de Monte Albán, y que se trató de un personaje que fue enterrado en la época colonial temprana (1522-1600) en el atrio de la iglesia del Pueblo Viejo de Teposcolula o Yucundaa.

Esta mujer fue inhumada con un rico ajuar de tradición prehispánica, compuesto por miles de objetos de lapidaria, todo lo cual se puede admirar en “Mixtecos. Ñuu Dzahui, Señores de la lluvia”.

La muestra luce objetos ornamentales elaborados en oro y plata, piedras preciosas como la turquesa, obsidiana, piedra verde y otros materiales encontrados por Alfonso Caso en la Tumba 7 de Monte Albán, en 1932.

Sobresale también el traslado a Palacio Nacional desde la comunidad de San Vicente del Palmar, en Tezoatlán de Segura y Luna, Oaxaca, del códice de la localidad, lo que se consiguió gracias a una ardua negociación, puntualizó el INAH en un comunicado.

Se trata de un “amplio documento que data de la segunda mitad del siglo XVI, es una cartografía elaborada en papel amate que muestra los límites territoriales de la Mixteca Baja y posee glosas en escritura prehispánica”.

Otras piezas exhibidas son documentos de las comunidades de San Miguel Tequixtepec, Santa María Zacatepec y Tepelmeme Villa de Morelos; un facsímil del Códice de Yanhuitlán, el Mapa de Teozacoalco y diversas traducciones a lengua mixteca que refieren la labor evangelizadora en la región.

Para la curadora Nelly Robles, la exposición establece que el pueblo mixteco o Ñuu Dzahui nunca ha perdido su destreza artística, y que cualquier material que pasa por sus manos está destinado a convertirse en una obra de arte; expresiones diversas que siempre van con ellos, pues también es conocido como “el pueblo que siempre se mueve”.

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INAH realiza trabajos de salvamento arqueológico en la costa nayarita

México, 10 de enero/Notimex. Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizan trabajos de salvamento arqueológico en la costa sur del municipio de Compostela, Nayarit, donde han identificado siete sitios de ocupación prehispánica que brindan pistas sobre los grupos humanos que se establecieron en dicha región.

En total se han identificado 426 petrograbados, entierros humanos con cascabeles y dos espejos manufacturados sobre núcleos agotados de obsidiana, además de utensilios domésticos, detalló el INAH en un comunicado.

El arqueólogo José Rodolfo Cid Beziez, de la Dirección de Salvamento Arqueológico, de la Coordinación Nacional de Arqueología, lidera los trabajos con la colaboración de la arqueóloga Concepción Cruz Robles, quienes informaron que este proyecto se originó en 2015 en un área de 300 hectáreas.

Dentro del polígono se han recuperado y estudiado más de 97 mil 934 tiestos, muchos asociados a artefactos de molienda y utensilios domésticos, como vasijas y cerámica bicroma.

Asimismo, a lo largo de los siete sitios arqueológicos se han identificado 426 petrograbados con motivos que van desde sencillas líneas hasta espirales, figuras antropomorfas e incluso tallas que aluden a elementos acuáticos del Altiplano Central mesoamericano, como los chalchihuitls.

“En términos generales y aunque la semejanza no es total, muchos de los elementos cerámicos guardan relación con la tradición Aztatlán, documentada por la investigadora Isabel Kelly en sitios arqueológicos como Chametla y Siqueros, en Sinaloa, o San Felipe Aztatlán y Tuxpan, en Nayarit, pero particularmente con Amapa, ubicado al suroeste del actual municipio nayarita de Santiago Ixcuintla”, detalló Concepción Cruz.

Las diferencias entre lo encontrado en esta región y la cerámica de Amapa estudiada por Isabel Kelly y Clement Meighan en 1976, podrían indicar que la región tuvo un desarrollo aparte, aunque los arqueólogos coincidieron en que tal afirmación es aún temprana.

Algo similar ocurre con los fechamientos de los sitios, ya que se teoriza que en ellos pudo residir más de un grupo cultural en diversos momentos de la historia. De momento, explicó Rodolfo Cid, se tiene un horizonte temporal que va del periodo Clásico Tardío al Posclásico Temprano (500 al 1200 o 1300 d.C.).

Las labores continúan en los sitios denominados El Arroz, Cerro Canalán, Playa Canalán, El Arenal, Majahua, El Arco y Camino a Majahua. Si bien todos corresponden a caseríos y aldeas ubicadas en las cuencas de macizos montañosos y valles intermontanos, presentan algunas particularidades.

En Cerro Canalán, por ejemplo, se localizaron petrograbados cuya elaboración quedó inconclusa, lo que permitió a los arqueólogos conocer su técnica de manufactura por puntilleo y desgaste.

Dentro de El Arenal, una planicie con una longitud mayor a los 3.5 kilómetros, se tienen identificados cinco montículos cuyas dimensiones van desde los 24 hasta los 64 metros de diámetro. En 2018 se realizarán excavaciones extensivas en ellos.

Otro de los sitios más llamativos es Majahua, donde a su vez se tienen cuatro emplazamientos, además de petrograbados, cerámica asociada a la referida tradición Aztatlán y elementos de lítica cuya cantidad y estado (dado que algunas piezas se observan todavía en proceso de manufactura) sugieren pertenecían a un taller de lapidaria.

Los remanentes de otra construcción, probablemente un templo o huey calli, edificado con materiales perecederos en al menos dos fases constructivas fueron identificados en El Arco.

En tanto, el sitio Camino a Majahua reveló la existencia de tres fosas cavadas sobre roca arenisca a la manera de las tumbas de tiro del Occidente mexicano, sin embargo, estas cavidades (con diámetros promedio de 80 centímetros y profundidades de entre 60 centímetros y dos metros) habían sido saqueadas con anterioridad.

Un elemento más que destaca en Majahua son una serie de rocas que se tallaron en los márgenes del cráter volcánico que dio origen al macizo montañoso que enmarca al sitio. Hasta el momento se tienen registrados, dibujados y localizados con GPS, 112 de los petrograbados que circundan al cráter del cerro Majahua.

Los arqueólogos comentaron que este año se realizarán estudios de carbono 14 para establecer fechamientos absolutos en algunos de los contextos excavados, así como reforzar y afinar la cronología propuesta por seriación cerámica. Asimismo, se realizarán las citadas excavaciones extensivas en El Arenal.

“Cuatro de los montículos se van a excavar y limpiar. No obstante, hemos pedido que el quinto montículo, de 25 metros de diámetro, quede como reserva de manera que a futuro, quizá bajo nuevas técnicas de investigación, pueda ser analizado”, finalizó el arqueólogo.

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Expertos restauran Tabla Nierika atribuida al chamán José Benítez

México, 09 de enero/Notimex. Profesores y alumnos del Seminario Taller de Restauración de Arte Moderno y Contemporáneo de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) intervinieron la Tabla Nierika, atribuida al artista chamán José Benítez Sánchez (1938-2009).

La pieza, realizada con la técnica de estambre y cera de Campeche, da cuenta de elementos de la cosmovisión wixárika como la serpiente bicéfala, venados, mazorcas de maíz, figuras geométricas y fitomorfas, y forma parte del acervo del Museo Regional de Nayarit, donde permanecerá en exhibición hasta el próximo 8 de abril.

Se trata de una de las cinco tablas huicholas elaboradas con la técnica de estambre pegado con cera de Campeche sobre un soporte de madera, que forman parte del acervo del Museo Regional de Nayarit.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la pieza —de 123 cm de ancho por 244 cm de largo y 3.8 cm de grosor— fue creada en la década de 1970, posiblemente por el artista y chamán José Benítez y, desde 1974, pertenece al recinto.

Ana Lizeth Mata Delgado, profesora del Seminario, detalló que el cuadro mostraba deterioros importantes a nivel estructural e infestación de insectos; el bastidor de madera de triplay estaba quebrado y tenía gran cantidad de orificios ocasionados por el ataque de termitas lo que impedía su manipulación, además la imagen presentaba pérdida de hilos, suciedad y elementos ajenos a la obra.

El restaurador del museo Daniel Gallo Arena solicitó apoyo de la ENCRyM, perteneciente al INAH, para su recuperación con un trabajo conjunto.

Sobre las representaciones wixárikas que se muestran en la tabla, la experta refirió que en la parte central se encuentra un águila bicéfala y en los laterales hay flores de maíz que representan el crecimiento, la vida, también se observa el sol naciente y se distingue un venado, animal mítico para el pueblo huichol; la pieza está enmarcada por tres líneas, una blanca, una negra y una roja.

Los cuadros de estambre hechos sobre una superficie plana de madera se conocen como nierika, sus dibujos representan al mundo de los dioses y también están inspirados en sueños y visiones; estas piezas son un producto de identidad cultural con el que se reconoce a los wixárikas.

Ana Lizeth Mata indicó que antes de iniciar los procesos de intervención se efectuó un diagnóstico apoyado por diversos análisis científicos, entre ellos radiografías, con las que se descubrió un ataque latente de termitas que originó daños en casi la totalidad de la madera, lo que debilitó la estructura de la obra.

Hizo un análisis con luz ultravioleta que permitió observar suciedad, cera en superficie y pérdida de materiales y color. Una vez que se efectuaron los procesos de limpieza se recuperaron muchas de las tonalidades originales.

Además realizaron estudios en el Laboratorio de Biología de la ENCRyM, para establecer cuál era el mejor proceso de fumigación local, y se determinó hacer el desbaste del triplay por el reverso con dos objetivos: eliminar el material dañado para dar paso a la estabilidad de la obra, y acceder al interior para eliminar por completo el ataque de termitas; este proceso fue el más delicado y se respetó la última capa de madera que soportaba los hilos y la cera.

La superficie de la obra se limpió con ayuda de aspiradora, brocha y bisturí; se retiraron los excesos de material ceroso sucio y polvo acumulado, hasta recuperar los colores intensos con los que fue creado. Para finalizar se hizo una reintegración cromática con colores pastel y se colocó una cinta protectora alrededor para que los hilos no se vuelvan a desprender.

La intervención tardó 11 meses y contó con la colaboración de alumnos de tres generaciones, quienes trabajaron en el diagnóstico, intervención y embalaje, además, diagnosticó el resto de las tablas nierika, como parte de la práctica de campo llevada a cabo por el Seminario en el Museo Regional de Nayarit, a inicios del mes pasado.

José Benítez Sánchez nació en 1938, en Santa Gertrudis, comunidad de Wautia (San Sebastián Teponahuaxtlán, municipio de Mezquitic, Jalisco). Durante su niñez recibió una educación religiosa, nombrándole Yycaye Kukame Caminante Silencioso.

A los 18 años trabajó en el Instituto Nacional Indigenista, donde conoció a Salomón Nahmad, quién le solicitó unos cuadros. así empezó su etapa creativa, apoyada en el mercado por Nahmad y Juan Negrín. Éste último dio a conocer su obra en el extranjero. En 2003 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el área de Artes Populares. Falleció en Tepic, Nayarit, en 2009.

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INAH identifica modelo miniatura del universo en faldas del Iztaccíhuatl

México, 03 de enero/Notimex. La existencia de un tetzacualco (adoratorio) en medio de un estanque natural y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua sugiere un modelo miniatura del universo en el Nahualac, sitio ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, en el municipio de Amecameca, Estado de México.

Así lo señala la arqueóloga Iris del Rocío Hernández, de la subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), responsable de la investigación arqueológica de alta montaña en el lugar ubicado a tres mil 870 metros sobre el nivel del mar

“La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”, apuntó la especialista.

Recordó que a partir de una denuncia de destrucción del sitio, en 2015, se creó el Proyecto Arqueológico Nahualac y un año después un equipo multidisciplinario emprendió una temporada de excavación en la que se recuperaron numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos.

Precisó que Nahualac consta de dos áreas. La primera y principal es un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un templo rectangular de piedras apiladas sin ningún tipo de cementante conocido como tetzacualco (de 11.5 x 9.8 metros).

La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, deidad de la lluvia.

“En esa área se identificaron materiales cerámicos en superficie, algunos de ellos identificados del tipo Coyotlatelco (750-900 d.C.), Mazapa (850 a 900 d.C.) y Complejo Tollan (900-1150 d.C.). En conjunto, las evidencias arqueológicas abarcan un área aproximada de 300 por 100 metros”.

Actualmente, los materiales líticos y lapidarios recuperados se encuentran en proceso de análisis con la colaboración del doctor Emiliano Melgar, del Museo del Templo Mayor, a través del Proyecto Estilo y Tecnología de los Objetos Lapidarios en el México Antiguo.

Agregó que las piezas corresponden principalmente a navajillas prismáticas de obsidiana, fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los cuales se examinan las huellas de uso y procedencia de materias primas.

Sobre los restos orgánicos, indicó que serán estudiados por la doctora Aurora Montúfar, del Laboratorio de Paleobotánica de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH. Se trata de sedimentos en asociación con carbón y fragmentos de un material esquistoso pulido color rosa, recuperados del interior de varios cajetes trípodes dispuestos como ofrenda.

Su estudio podrá dar pistas sobre cuál era el contenido de los recipientes al momento de ser enterrados en la zona de ofrendas.

Respecto a referencias del sitio de Nahualac –acotó- se cuenta con los estudios del explorador francés Desiré Charnay, quien en el siglo XIX efectuó un recorrido por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y visitó el lugar.

Posteriormente, en 1957, el arqueólogo José Luis Lorenzo lo describió a detalle y situó su temporalidad en el periodo Tolteca (siglos IX-XIII de nuestra era); realizó un croquis de la estructura (tetzacualco) y registró diversos fragmentos de piezas arqueológicas recolectadas en superficie.

Finalmente, en 1986, Stanislaw Iwanizewski y sus colaboradores recuperaron una importante colección de objetos cerámicos, los cuales en su mayoría pertenecen a la tradición Mazapa (850 a 900 d.C.).

La arqueóloga de la SAS-INAH expresó que de acuerdo con los reportes de aquellas primeras exploraciones y las investigaciones en proceso, se puede inferir que Nahualac es la representación de un espacio ritual donde el culto a Tláloc es evidente, aunque no exclusivo, ya que también guarda relación con las entidades femeninas del agua y la tierra.

Iris Hernández propone que existió un control ritual del agua proveniente de manantiales cercanos para irrigar el estanque con el objetivo de provocar un efecto visual en el que pareciera que la estructura y los montículos de piedra flotaran sobre el espejo de agua, que a su vez refleja el pasaje circundante.

“Esos efectos visuales, además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”.

El entorno natural que rodea el estanque también guarda un estrecho vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano, es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos, concluyó.

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Eduardo Matos Moctezuma recuerda 40 años del Proyecto Templo Mayor

México, 29 de diciembre/Notimex. A casi 40 años del descubrimiento del monolito de la Coyolxauhqui, que confirmó al mundo la grandeza de México-Tenochtitlan, como se puede disfrutar ahora en el Museo del Templo Mayor (MTM), el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma recordó el acontecimiento que vivió de primera mano.

En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explicó que de ese descubrimiento surgió el Proyecto Templo Mayor (PTM), que concentra en buena parte los trabajos en el primer cuadro de la ciudad y cuyas investigaciones no han dejado de revelar secretos de México-Tenochtitlan.

Recordó que en 1978 fue hallada la diosa lunar Coyolxauhqui y que el Día de La Raza (12 de octubre) de 1987 fue inaugurado el Museo del Templo Mayor, que por todo lo que significaba en su primer año de puertas abiertas superó el número de asistentes del Museo Nacional de Antropología. En 30 años se estima que ha recibido a unos 18 millones 500 mil visitantes.

Sin embargo, continuó el INAH, esa cifra puede tener un fuerte impulso con la actual exposición en el museo, Revolución y estabilidad, que integra la celebración por las cuatro décadas del PTM y los 30 años de existencia del museo, y que alude a la iniciativa de investigación que impuesto paradigmas en la materia.

En el comunicado, Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, resaltó el significado del PTM, que arrancó el 20 de marzo de 1978, una vez que las cinco ofrendas en torno a Coyolxauhqui fueron excavadas por un equipo de salvamento arqueológico.

Recordó que el descubrimiento del sitio arqueológico se remonta a 1913, cuando Manuel Gamio encontró en la esquina de Seminario y Santa Teresa (hoy Guatemala) los restos de la esquina sureste del Templo Mayor y una de las cabezas de serpiente del extremo sur de la escalinata de Huitzilopochtli.

Fue apenas un asomo de lo que actualmente se puede disfrutar en 12 mil 900 metros cuadrados que entonces fueron expropiados para explorar el sitio. Al MTM le antecedió en el lugar el Museo Etnográfico, donde ya aparecía la maqueta de lo que se supone había sido la ciudad de México-Tenochtitlan.

Dicha maqueta, hecha por el arquitecto Ignacio Marquina, ocupó un lugar privilegiado en el MTM hasta que fue descubierto otro monolito, el de la diosa Tlaltecuhtli, en 2006, que después ocupó su lugar. La construcción del museo, recordó Matos Moctezuma, fue encargada a Pedro Ramírez Vázquez, autor también del Nacional de Antropología, y Jorge Ramírez Campuzano.

La investigación para el mismo fue hecha por el propio Eduardo Matos y la museografía por Miguel Ángel Fernández, quienes consiguieron con esta obra evocar la dualidad del Templo Mayor.

“De inmediato planteamos cómo estas presencias estaban obedeciendo no sólo a elementos religiosos, de cosmovisión muy importantes, sino que también reflejaban una economía sustentada en la agricultura y la guerra -con la imposición de tributo a los pueblos sometidos-, representadas por estos dioses. El Templo Mayor era el axis mundi para los mexicas, y de éste partían los cuatro rumbos del universo, materializados en las calzadas que dividían la ciudad.

“Estábamos en el corazón del imperio, y eso fijó en mucho nuestro cauce de investigación, nuestra metodología”, detalló el arqueólogo.

Destacó que esos trabajos llevaron a orientar al museo al poniente, por donde desciende el Sol, al igual que el Templo Mayor; y así como el edificio prehispánico tuvo una mitad dedicada a Tláloc y la otra a Huitzilopochtli, lo mismo se buscó con el moderno imnueble.

Subrayó que cuatro secciones se destinaron a los aspectos de la deidad de la lluvia y la fertilidad, y las otras cuatro salas a los atributos de la entidad de la guerra, y desde que se accede a su interior “ya no hay salida, quedas cautivo”.

Hizo especial mención de las repercusiones del descubrimiento, pues a partir de ello se han realizado “más de mil 200 publicaciones de todo tipo”, además que “tenemos dos equipos de campo, el Proyecto Templo Mayor y el Programa de Arqueología Urbana, coordinados por Leonardo López Luján y Raúl Barrera Rodríguez, respectivamente”.

A los anteriores se suman “investigadores aquí en el museo que son de primer nivel, que han abordado aspectos muy especializados como la manufactura de objetos de concha y de lítica, o los temas rituales vistos desde la osteología.

“De manera que el Museo del Templo Mayor ha destacado como un espacio de divulgación, porque es ante todo un centro de investigación”, aseveró.

Estas investigaciones han dado resultados “impresionantes”, como la ubicación del Cuahxicalco, lugar donde se realizaban las exequias de algunos soberanos mexicas; una especie de arriate que sigue conteniendo los restos de un árbol (al parecer un encino) que debió considerarse divino, y un piso de lajas con símbolos de la Guerra Sagrada.

Al traspasar la Plaza Manuel Gamio el visitante se encuentra con una perspectiva inicial a escala de las ruinas del Templo Mayor y, enseguida, la placa conmemorativa de la inclusión del Centro Histórico de la Ciudad de México, en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

“Las investigaciones han permitido profundizar en los materiales, indagando en las ofrendas (235 encontradas hasta el momento), preguntándose cómo las acomodaron los sacerdotes, qué representan, qué simbolizan”, dijo Eduardo Matos.

“En fin; la arqueología ha comenzado a aportar una información formidable, contrastando lo que a veces se daba por un hecho con la sola lectura de las crónicas. El Proyecto Templo Mayor ha brindado un nuevo rostro del mexica”.

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Se va delegado del INAH; llega Martínez González

Adriana Muñoz Cabrera. Veracruz, Ver., 29 de diciembre de 2017. A partir del 01 de enero, el encargado de despacho de la delegación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Veracruz, será Manuel Martínez González en sustitución del actual director del centro INAH- Veracruz, Esteban Rodríguez Flores.

Dadas nuevas encomiendas por parte de la autoridad federal, Rodríguez Flores dejará el cargo esta misma semana para tomar nuevas responsabilidades por instrucciones de oficinas centrales y trasciende que aunque inicialmente su sucesor Manuel Martínez González estará como encargado del despacho, en unas semanas será ratificado en el cargo formalmente hasta concluir el sexenio del priista Enrique Peña Nieto.

Rodríguez Flores, exsecretario particular del presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa, quien falleció el pasado 10 de diciembre de 2016, llegó a Veracruz el 01 de diciembre de 2014 y hoy, tres años después, es separado del mismo por razones desconocidas aunque se menciona es parte de la rotación natural que practican las oficinas centrales.

Deja un legado de enfrentamientos constantes con los empleados sindicalizados y en materia de conservación del patrimonio cultural será hasta ahora el Delegado que más proyecto ha destrabado para bien de nuestro patrimonio, uno de ellos, el rescate el Centro Histórico de Veracruz, municipio que este 2018 cumplirá 500 años de ser fundado.

En diciembre de 2014, en representación de los entonces, directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), María Teresa Franco; José Francisco Lujano, secretario Administrativo; Francisco Aarón García Frías; coordinador Nacional de Recursos Humanos y de José María Muñoz Bonilla, coordinador Nacional de Centros INAH; presentaron a Esteban Rodríguez Flores como delegado del centro del INAH en Veracruz a partir de este 01 de diciembre, quien cuenta con gran experiencia en el sector cultural desde 1992 y a partir de 1995 se integró al INAH.

Con estudios en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de México (UNAM), Esteban Rodríguez Flores, fungió como Jefe de Apoyo Técnico en el Centro INAH Estado de México, Director de Evaluación y Director de Enlace y Concertación en la Coordinación Nacional de Centros INAH.

Además fue subdirector de Metodología de Planes de Manejo en la Secretaría Técnica del INAH; en 2008 fue también encargado de la Dirección de Turismo Cultural del INAH.

El prácticamente e delegado del INAH, ha participado en publicaciones como Leyes Estatales en materia de Patrimonio Cultural, Guía Técnica: La Planeación y Gestión del Patrimonio Cultural de la Nación, Tierra, la tenencia a través de la historia mexicana, testimonios del pasado prehispánico y colonial.

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En 2018 Veracruz será Cartagena

Adriana Muñoz Cabrera. Veracruz, Ver., 29 de diciembre de 2017. Como uno de sus últimos actos como director del centro INAH-Veracruz, Esteban Rodríguez Flores, entregó el tercer reconocimiento que la dependencia federal ha otorgado en este sexenio peñanietista a un veracruzano por su aportación valiosa al rescate, cuidado y preservación del patrimonio cultural.

Esta vez, tocó el turno al empresario inmobiliario Pedro Fernández Martínez, director nacional de Comunicación de AMPI, quien desde hace tres años, cuando integraba y luego fungió como presidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) de Veracruz, propuso que al igual que ocurrió con el tradicional barrio Getsemaní en Cartagena, Colombia, se combatiera la criminalidad con sentido social y se impulsara la creación de murales en las paredes de los inmuebles históricos del puerto para pintar de colores el centro de la ciudad de Veracruz de cara a los 500 años de su fundación.

Antes, por supuesto, rescatar los edificios que en su mayoría están abandonados.

“Arreglar una fachada pero independientemente de que queremos hacer un festival de colores, es un peligro para muchos transeúntes muchos inmuebles ya que genera una acción de peligro ya que no están en condiciones y pueden generar otras situaciones completamente inevitables”, subrayó.

La idea no le pareció mal al entonces recién llegado Esteban Rodríguez Flores, delegado del INAH, quien justamente está a unas horas de dejar el cargo, no obstante, dio luz verde a un proyecto que maduró en un lapso de casi tres años y que después de ser presentado y afinado por el alcalde panista electo de Veracruz, Fernando Yunes Márquez, fue avalado a la par de haber recibido la venia de la primera autoridad municipal así como la garantía de darle todo el apoyo a su administración.

Lo ocurrido en Cartagena, tras la batalla cruenta vivida contra el narcotráfico, hoy es replicado en ciudades del mundo tan importantes como Miami e incluso ciudad de México, la más grande del mundo.

Más recientemente en Boca del Río, ocurre algo similar en el infonavit El Morro.

Y es que es un proyecto que no solo impulsa el arte y muralismo urbano, sino que lo hace con un objetivo de alto impacto social: combatir con cultura las altas tasas de criminalidad.

“La intención es combatir como en Cartagena, Colombia, un festival de colores la criminalidad, que el primer cuadro de la ciudad sea algarabía y sea alegría y también invitó a muchos propietarios que si tienen de muchas maneras los medios económicos, que no están regidos bajo el INAH, a meterle ganas porque es un ganar-ganar, si su fachada está rehabilitada van a tener plusvalía en su inmueble”, explicó.

De inicio, comentó Pedro Fernández al respecto, se contemplan 25 edificios cuyo remozamiento y murales deberán cumplir con las reglas que exige el INAH en materia de inmuebles históricos.

Con Esteban Rodríguez, entregó el reconocimiento a Pedro Fernández, Raúl de la Huerta, director de Zeus Monitoreo Vial.

Otro de los tres reconocimientos que ha entregado el INAH a veracruzanos que han aportado su conocimiento al rescate y preservación del patrimonio cultural en Veracruz, es el actual director de Ingeniería de la Administración Portuaria Integral de Veracruz, Francisco Liaño Carrera.

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Museo de Antropología exhibe ‘El bajorrelieve de Xoc’, sustraído hace casi 50 años

México, 20 de diciembre/Notimex. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) presentó el petrograbado conocido como El bajorrelieve de Xoc, obra escultórica monumental recuperada por el gobierno mexicano, luego de que fuera expoliado hace más de 45 años.

En el Museo Nacional de Antropología (MNA) de esta ciudad, María del Socorro Villarreal, coordinadora jurídica del INAH, dio a conocer que la pieza, con una antigüedad de tres mil años, perteneciente a la cultura Olmeca.

La obra de dos metros de altura fue desprendida de la roca madre sobre el cual fue labrado, está registrada y documentada en Ocosingo, Chiapas, y no fue sino hasta el 2014 que se tuvo conocimiento de ella en Francia, a partir de material fotográfico de la dirección de registro público del INAH.

“Sabemos más o menos cuando salió del país, porque tenemos información precisa y basta del lugar donde se encontraba perfectamente dibujada y desapareció de manera furtiva entre 69 y 70”, dijo la arqueóloga Rebeca González Lao.

Destacó que a finales del 2014 la pieza fue encontrada en Francia, a partir de que se observaron fotos de dicha obra por personal de la Dirección de Registro Público del INAH, quien determinó el origen de la obra y comenzó a recabar información.

Se informó que estaba en manos de un coleccionista particular, quien la tenía empotrada en un muro; cuando la persona murió, sus hijos decidieron venderla a una casa de subastas, la cual se dio cuenta de que era una pieza robada y que difícilmente la iba a poder vender.

Fue entonces cuando se contactó a la Asociación de Amigos de México en Francia, y a través de ésta regresó a México, pero se sabe que fue cortada en cuatro pedazos con una sierra de corte fino; se aprecian las huellas de la sierra utilizada, al igual que los golpes de cincel en la parte posterior para desbastarla y así aligerar su traslado.

“Se trata de la primera pieza que pudimos repatriar de Francia, lo cual es de relevancia”, dijo González Lao, tras mencionar que dicha obra recibió trabajos de embalaje por especialistas del INAH.

Detalló que al llegar el Museo, donde se dijo que permanecerá hasta enero próximo, recibió trabajos de investigación y de consolidación de la misma.

Se aclaró que la pieza no tuvo trabajo de restauración, pero sí la colocación de diversos soportes en su parte posterior.

“De manera deliberada se encuentran los tornillos que la sostenían y lo único que nos limitamos a hacer en el museo es un soporte negro”, dijo Antonio Saborit, director del MNA, quien agregó que la idea es mostrar el visitante la obra en sí, pero más aún, los daños que provoca el saqueo.

El bajorrelieve mide 220 cm de alto, 115 cm de ancho y aproximadamente 30 cm de profundidad. Representa a un hombre de perfil con rasgos olmecas, pies en forma de garras, con máscara bucal en forma de ave y un tocado alto adornado en el que se observan bandas cruzadas.

Presenta una figura humana con el torso de frente, mientras las piernas y el rostro están en perfil; su brazo izquierdo está doblado en ángulo recto sobre el pecho sosteniendo un objeto y el derecho cae al lado del torso.

En términos de indumentaria porta una especie de taparrabos sujetada al frente con un tipo de amarre cuadrado o medallón. Entre éste y el brazo izquierdo, se encuentra un elemento cuadrado, cuya función no es del todo clara, pero está decorada con una “E” invertida.

El tocado está elaborado por un turbante que culmina en un elemento puntiagudo en la corona; mientras que la gruesa banda inferior presenta un diseño en forma de “X” que se conoce como Cruz de San Andrés.

Se aprecia una orejera redonda de la cual cae una cinta flexible; al igual que bandas en las muñecas y en los tobillos, que asemejan pulseras. Asociado a los pies de esta figura se encuentran elementos curvos y puntiagudos, representando posiblemente las uñas de alguna ave.

En la mano derecha sostiene el mango de un pequeño objeto cuya punta se esconde detrás del muslo del personaje. En el brazo izquierdo sostiene una tablilla rectangular con el extremo superior redondeado.

Su superficie está decorada con una banda central interrumpida por una línea al centro y dos círculos que coinciden con líneas horizontales que crean cuatro segmentos similares en la parte superior de la tablilla.

En cada uno de estos segmentos se representa un diseño curvilíneo que pudiera parecer un elemento vegetal y estos se repiten en la corona de la tablilla. La decoración de la parte inferior de la tablilla se esconde debajo del brazo grueso del personaje.

El rostro en perfil sobresale por la excepcional calidad del esculpido. Se aprecia una frente corta, una nariz prominente e indicando una fosa nasal, el mentón y la quijada. En el área ocular parece utilizar una especie de máscara o antifaz, delimitado por una línea ondulada debajo del ojo, el cual está representado con una oquedad natural de la piedra; encima de éste indica un elemento en forma de “U” que abarca la región de la ceja y la frente.

Debajo de la nariz se identifica una placa bucal con sujetador que esconde el labio superior. De la parte inferior de la placa emerge un diente central y al parecer, dos colmillos curvos: uno que dobla hacia arriba y otro hacia abajo. La comisura del labio también se señala por una oquedad natural de la piedra.

La repatriación constituye uno de los ejes de actuación internacional del Gobierno de México, dado el gran valor que confiere a las piezas arqueológicas de culturas antiguamente establecidas en el territorio nacional, concluyó el INAH.

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INAH rescata legado del Padre de la Etnohistoria en México

México, 15 de diciembre/Notimex. Ensayos que rompen la falsa idea de que el filósofo, historiador y arqueólogo mexicano Wigberto Jiménez Moreno (1909-1985) escribió poco, han sido reunidos en un libro de 500 páginas que revaloran el trabajo de quien es considerado Padre de la Etnohistoria en México.

Publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el ejemplar otorga a las nuevas generaciones de antropólogos la posibilidad de conocer el legado de un intelectual que además fue un forjador de instituciones y estuvo detrás de la creación de las direcciones de Estudios Históricos (DEH) y de Etnohistoria.

Destaca la investigación y compilación que por años realizó la investigadora Celia Islas Jiménez, discípula de don Wigberto, y el joven etnohistoriador Víctor Alfonso Benítez Corona. Ambos son los autores del estudio preliminar que antecede a la serie de ensayos escritos por el sabio guanajuatense, uno de los iniciadores del estudio de la historia antigua de México.

“Wigberto Jiménez Moreno (1909-1985). Obras escogidas de la historia antigua de México” está dividido en cuatro apartados y fueron organizados de manera “geográfica”, señala Víctor Alfonso Benítez, dada la amplitud de miras del autor.

La primera parte se aboca a los temas alusivos al Valle de México; la subsecuente al sur, la tercera al oeste y norte de México, y la última a la filosofía y la religión prehispánicas.

 Al respecto, Benítez Corona señala que Wigberto Jiménez Moreno es un autor poco frecuentado en las lecturas de la carrera de Etnografía, quizá justo porque hasta ahora no se contaba con un libro donde estuvieran vertidos sus conocimientos.

Indicó que fue un verdadero descubrimiento hallar toda la documentación en diversos acervos, principalmente en la biblioteca que lleva su nombre en la ciudad de León, Guanajuato (a la que donó su archivo personal y bibliografía) y en la Universidad de las Américas, en Cholula, Puebla, en cuya fundación estuvo involucrado Jiménez Moreno.

Celia Islas Jiménez, investigadora de la Dirección de Etnohistoria del INAH, destacó además el hallazgo de los memorandos escritos por Jiménez Moreno para solicitar la creación de dicho departamento de estudios.

“Don Wigberto Jiménez Moreno es parte de ese puñado de personas que hicieron lo correcto, que sin tener ese halo heroico, dieron los fundamentos para que todos los demás pudiéramos trabajar en lo que quisiéramos o en lo que se nos ofrecía”, expresó Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia.

“Por suerte, la publicación que ahora compila las obras de don Wigberto Jiménez Moreno, y que surge de la propia Dirección de Etnohistoria que él fundó, nos lo regresa en su proporción intelectual y en su proporción humana; a la forma en la cual fue armando sus métodos e ideas, conceptos a veces muy firmes”, expresó Salvador Rueda.

En su oportunidad, el doctor Carlos García Mora, quien coordinó 15 volúmenes de “La historia de la antropología en México”, comentó que esta edición resarce un gran vacío en el devenir de esta disciplina, que tanto debe a Jiménez Moreno.

Más allá de que algunos de sus textos puedan acusarse en la actualidad de tener un “tono evangélico”, en varios de sus ensayos se encuentran las claves de grandes debates que por años, e incluso hasta el día de hoy, ocupan a la antropología nacional.

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