Alfonso Reyes será recordado a 129 años de su nacimiento

México, 16 de mayo/Notimex. El escritor y diplomático Alfonso Reyes, quien ha marcado una importante pauta en la historia de las letras hispanas, es recordado a 129 años de su nacimiento por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) con el Festival Alfonsino 2018.

El evento que se llevará a cabo del 17 de mayo al 03 de junio, contará con diferentes actividades como muestra de literatura, artes escénicas, música, y gastronomía, así lo informó en un comunicado la UANL.

Alfonso Reyes nació en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889. Hijo de Bernardo Reyes (1850–1913), gobernador de Nuevo León, y figura muy cercana a Porfirio Díaz (1830–1915), tuvo una infancia rica en lecturas y experiencias vitales.

En la Ciudad de México perteneció al grupo intelectual de la Escuela Nacional Preparatoria. Junto con Pedro Henríquez Ureña (1884–1946), Antonio Caso (1883-1946) y José Vasconcelos (1882–1959) fundó El Ateneo de la Juventud, agrupación cultural que pretendía un México moderno y contemporáneo del mundo.

Por aquella época, destacan sus biógrafos, Reyes escribió obras como el libro de ensayos Cuestiones estéticas, que sería publicado en París. De los mismos años datan los estudios sobre Robert Louis Stevenson (1850–1894) y Gilberth K. Chesterton (1874–1936).

Se inscribió en la Facultad de Derecho, donde obtuvo el título profesional de abogado el 16 de julio de 1913.

Tras el asesinato de su padre, aspirante a la presidencia de la República, y un tanto decepcionado de la situación nacional, viajó a Europa donde trabajó en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, dirigido por Ramón Menéndez Pidal (1869 – 1968).

En España compartió trabajos y experiencias con Juan Ramón Jiménez (1881 – 1958), José Ortega y Gasset (1883–1955) y Ramón Gómez de la Serna (1888 – 1963). También perfeccionó su manejo de la lengua española. En 1915 terminó Visión de Anáhuac, que se publicó en 1917.

De acuerdo con datos de El Colegio Nacional, de 1924 a 1939 vivió como diplomático en Francia, Brasil y Argentina.

En este último impulsó la obra del entonces joven Jorge Luis Borges (1899–1986), quien puso a su consideración el manuscrito de El Aleph y le profesaría agradecida admiración el resto de su vida.

Entre sus ensayos de esos años se cuentan Cuestiones gongorinas (1927), Simpatías y diferencias (ensayos, 1921-1926), Homilía por la cultura (1938), Capítulos de literatura española (1939 y 1945) y Letras de la Nueva España (1948).

En 1939 regresó definitivamente a México, instalándose en un edificio que siempre había deseado y que él mismo hizo construir: una casa habitación integrada a una biblioteca.

La cual hoy es un museo dedicado a él, que lleva el nombre de Capilla Alfonsina, así lo apuntó el sitio web biografiasyvidas.com.

A partir de entonces y hasta 1950 se encontraba en la cumbre de su madurez intelectual y escribió una larga serie de libros sobre temas clásicos, como La antigua retórica y Última Tule (1942), El deslinde (1944), La crítica en la edad ateniense (1945) y Junta de sombras (1949).

También escribió sobre problemas mexicanos y americanos y otros temas muy variados.

Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Fundador del Instituto Francés de América Latina y del Colegio Nacional. Presidió la Casa de España en México, nombrado más tarde El Colegio de México, uno de los centros académicos de alto nivel más prestigiados del país.

Fue candidato al Premio Nobel en cuatro ocasiones, aunque nunca llegó a recibirlo; pero su constante entrega a la cultura, sus aportaciones a la literatura mexicana y la calidad de su obra le valieron numerosos premios y reconocimientos públicos.

Por ejemplo, el Premio Nacional de Literatura (1945), el de Literatura Manuel Ávila Camacho (1953) y el del Instituto Mexicano del Libro, que recibió en 1954.

En el transcurso de pocos años, Reyes sufrió varios infartos, atendidos por el médico Ignacio Chávez (1897–1979). El cuarto le costó la vida. Murió el 27 de diciembre de 1959 en la Ciudad de México.

El presidente Adolfo López Mateos (1910–1969) decretó un día de luto nacional. Sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

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