Eugène Delacroix, un pintor romántico con una pincelada vibrante

México., 16 de abril/Notimex. El pintor romántico Eugène Delacroix es recordado a 220 años de su nacimiento por el uso del color en la naturaleza embravecida, que amenaza a los sujetos de sus obras en escenarios trágicos, como se muestra en la pintura Dante et Virgile aux enfers.

Su paso por el mundo inició el 26 de abril de 1798, fue el cuarto hijo de Victoire Oeben y Charles Delacroix, aunque algunas teorías colocan a Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord como su verdadero padre debido al parecido físico con el futuro artista.

El portal de la Enciclopedia Británica informó que hasta los 17 años realizó estudios clásicos. No obstante gracias a su familia, que estaba ligada al arte, Delacroix generó un gusto enorme por la música y el teatro.

En 1815 se convirtió en discípulo del pintor Pierre-Narcisse Guérin (1774-1833), posteriormente de Antoine-Jean Gros (1771-1835) y Barón François Gérard (1770-1837), de quienes adquirió los rasgos estilísticos característicos en su obra.

Siete años más tarde expuso su primera obra maestra, Dante y Virgilio en el Infierno, que inspirada en la Divina Comedia de Dante Alighieri (1265-1321) es considerada como una de las obras fundamentales en el desarrollo de la pintura romántica del siglo XIX en Francia.

En 1824 Delacroix presentó un cuadro que evidenció su madurez como artista, la Masacre en Chios, gran lienzo que representa la masacre de los griegos por los turcos en la isla de Chios.

Son esas creaciones las que lo convierten en la gran figura del Romanticismo francés, estilo en el que desarrolló obras particularmente significativas como: La muerte de Sardanápalo y La libertad guiando al pueblo.

En cuanto a este último óleo de 2.60 metros por 3.25 metros, en el artículo homónimo, escrito por la especialista Maricruz Cantos Arnedo, y publicado por la Universidad de Valencia se nos dice que muestra una composición piramidal.

Ésta “se forma mediante cuatro planos; las figuras de los muertos en él primero, entroncando con el malherido, el burgués, el niño, el proletario y la mujer con el brazo alzado con la bandera”.

A esto añade que la mujer que ondea la bandera, es una alegoría a la libertad, así como la igualdad, y que esta pintura histórica marca el final del régimen de la Monarquía restaurada, en Francia, así como la afinidad de ideas de Delacroix con el liberalismo revolucionario.

En 1832, Delacroix viajó a África, experiencia que dio como resultado un amplio repertorio de temas que plasmó en más de 100 cuadros, entre los que destacan: Fanáticos de Tánger y Argel en su apartamento.

La técnica de Delacroix se compone de grandes contrastes de colores aplicados con pequeños golpes de pincel creando un particular efecto de vibración que influyó de forma importante en los impresionistas, se explica en el sitio renoirinc.com.

Al final de su vida se convirtió en el gran decorador de interiores en París, con obras relevantes para los palacios Borbón y de Luxemburgo, así como el Louvre y la iglesia de Saint-Sulpice, por lo que trascendió como uno de los personajes más ilustres de su tiempo.

Durante ese período también pintó varios lienzos de gran formato, en particular dos para el Museo de la Historia de Versalles: La batalla de Taillebourg y la Entrada de los cruzados en Constantinopla.

Eugène Delacroix murió a los 65 años el 13 de agosto de 1863, en su apartamento de la calle de Furstenberg, en París, dejando un legado de más de seis mil dibujos, acuarelas y grabados.

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