Finalistas de premios en Semana Negra debaten sobre el origen del mal

Adela Mac Swiney González. Corresponsal. Gijón, 11 de julio/Notimex. Los argentinos Liliana Escliar y Nicolás Ferraro presentaron hoy sus novelas Los motivos del lobo y Cruz, respectivamente, con las que compiten en los premios de la XXXI edición de la Semana Negra de Gijón y que tienen como referente el mal.

Escliar, con Los motivos del lobo, es una de las cinco finalistas para el Memorial Silverio Cañada, destinado a la Primer Novela Policíaca de 2017 escrita en español y Ferraro con Cruz, opta al Premio Hammet destinado a la Mejor Novela Policíaca de 2017 escrita en español, junto con otras seis novelas.

La escritora argentina señaló que “a mi lo que me importa es la arbitrariedad de la maldad, el hecho de que alguien malo te puede elegir sin que haya una razón específica, sin saber por qué te elige”.

Eso le pasa a un criminólogo forense, inteligente, el más vivo del barrio y no puede desentrañar el asunto.

En la novela, Daniel Parodi se había convertido en el mejor criminólogo forense del país. Era capaz de pensar como el criminal, ser el criminal. Entendía la lógica del delito y, de manera casi inevitable, siempre descubría al culpable.

Sin embargo, cuando un psicópata inasible asesinó a Zoe, su hija, todo cambió. Obsesionado por atrapar al Lobo, Parodi pierde a su familia, su casa, su trabajo, su talento profesional. El Lobo se adelanta y Parodi, acosado por el dolor, llega tarde y fracasa una y otra vez.

La escritora, también guionista de televisión, destacó que “se trata de un malo, malísimo, que es el lobo, que encarna la maldad en sentido casi puro. El lobo dirige una corporación del mal, de trata de humanos, de drogas”.

Los motivos del lobo ha sido definida como una novela con todas las características de la novela negra sueca, pero ubicada en Argentina.

Escliar subrayó que para ella era importante plasmar el hecho de que haya personas malas que necesiten encontrar la vulnerabilidad de cada uno y no necesariamente vayan contra los más débiles.

“Se trata de la maldad en estado puro, esto es lo que me interesa, la gente que es amoral, que no tiene código moral, es interesante entrar a esas cabezas”, dijo.

Por su parte, Nicolás Ferraro, habló sobre su novela Cruz y aclaró que él no cree en el mal ni en la existencia pura del mal ni en gente que tenga un cableado distinto a los demás.

“Más bien creo que es gente con problemas, todos tenemos nuestras zonas grises. Pensar en un mal absoluto, me es raro”, sostuvo.

En la novela, Cruz puede ser más que un apellido. Tomás lo sabe. Porque es hijo del Cruz que se ha hecho leyenda en los bajos fondos de la frontera con Paraguay enrojeciendo de sangre ajena la tierra colorada de Misiones.

También porque es hermano menor del Cruz que arriesgó todo, hasta su futuro de futbolista de Selección, por seguir la huella del padre preso. El legado, entonces, se vuelve calvario, un peso a cargar contra la propia voluntad.

En última instancia, un destino del que no se puede huir y al que hay que afrontar con los dientes apretados, hurgando dentro de uno hasta sacar la brutalidad que permita la supervivencia.

La novela de Nicolás Ferraro es una lupa en el infierno, en la que no hay almas buenas, ni siquiera la de Tomás y si las hay duran poco, extraviadas en un laberinto de narcos, proxenetas y comisarios corruptos.

Sin embargo, el autor explica esa violencia, esa falta de legalidad y ese infierno por el hecho de tener Estados ausentes y por el hecho de que la gente tenga problemas y falta de oportunidades.

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