Abusos en EUA provocan decepción y vergüenza entre católicos: arzobispo

Andrés Beltramo Álvarez. (Corresponsal). Ciudad del Vaticano, 17 de septiembre/Notimex. Los católicos de Estados Unidos afrontan entre la vergüenza y la decepción la crisis por décadas de abusos sexuales contra menores, cometidos por sacerdotes, que han salido a la luz en las últimas semanas y algunos han visto devastada su fe, afirmó Gustavo García Siller.

El arzobispo de San Antonio (Texas), de origen mexicano, analizó el impacto de las últimas revelaciones sobre los abusos contra menores en la Unión Americana y reconoció que la Iglesia en ese país “ha avanzado con lentitud” en la rendición de cuentas.

“Estoy profundamente avergonzado y decepcionado por la corrupción en la Iglesia que, en su momento, no permitió que se ayudara a las víctimas de estos horrendos crímenes a sanar sus heridas, ni que se protegiera a otros y a la sociedad de esos delincuentes”, reconoció, en entrevista con Notimex.

“Al mismo tiempo me siento sumamente preocupado por la fe del pueblo de Dios, el rebaño traicionado por pastores que se convirtieron en lobos con piel de oveja”, añadió.

Aseguró también sentirse esperanzado por la valentía de las víctimas que han denunciado, el valor de las autoridades que han trabajado por la justicia, los periodistas que han sacado a la luz “la podredumbre” y los múltiples miembros del pueblo de Dios que velan por los indefensos.

Insistió que la gente en Estados Unidos está “sumamente decepcionada”, sobre todo con los obispos, y “tiene mucha razón”; incluso reveló que algunos católicos están viviendo un “proceso de duelo” en un intento por sanar las heridas.

En las últimas semanas, la Iglesia estadunidense ha sido sacudida por los detalles contenidos en un informe de un Gran Jurado de Pensilvania que consignó los testimonios de más de mil víctimas de los abusos cometidos por unos 300 sacerdotes, casi la totalidad cometidos entre 1947 y 2002.

Además y en una decisión casi sin precedentes en la historia moderna, el Papa Francisco decidió quitar el cardenalato al exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick, tras recibir una denuncia convincente de ataques presentado por una persona que era menor de edad al momento de los hechos.

McCarrick, que llegó a convertirse en uno de los clérigos más influyentes de la nación, solía forzar encuentros sexuales con seminaristas en una casa de playa, acosando así -incluso- a jóvenes mayores de edad.

García Siller precisó que desde el año 2002, cuando explotó la primer gran crisis por abusos en la Arquidiócesis de Boston, los obispos estadunidenses aplicaron medidas de prevención que redujeron la incidencia de estos crímenes en un margen “notable”, aunque reconoció que si se verificase un solo caso igual “sería muy alarmante”.

“Sí se ha actuado a fondo, aunque es evidente que no lo suficiente. Debemos redoblar esfuerzos. Tiene que haber mayor y más eficacia en rendición de cuentas, especialmente por parte de los obispos, además de la conversión profunda de todos los miembros de la Iglesia”, siguió.

Apuntó que muchos aspectos diversos influyen en el abuso sexual de menores, entre otros el desmoronamiento de los valores a causa de la desintegración familiar, la ausencia de figuras paternas y maternas estables que permitan el sano desarrollo afectivo de las personas, así como el incremento de la violencia a todos los niveles.

Empero, aclaró que se tiene conciencia sobre lo “indignante” y “grave” del encubrimiento de estos delitos por parte de quienes ostentan autoridad, pues eso impidió que se atendiera adecuadamente a las víctimas, que se hiciera justicia, se protegiera a otros de potenciales crímenes.

Consideró que si una conducta está descrita en la ley como un delito, significa que debe prevenirse, perseguirse y resarcir a las víctimas por el daño sufrido.

Incluso cuestionó duramente los acuerdos extrajudiciales a los cuales llegaron diversas diócesis estadunidenses por los abusos cometidos por miembros del clero, a los cuales fueron destinados cientos de millones de dólares.

“De esa manera se hizo gran daño al bien común. Deberíamos cuestionarnos como sociedad por qué es eso legal en Estados Unidos. La rendición de cuentas por parte de todos los responsables es una solución de raíz en la que hemos avanzado con lentitud”, abundó.

Más adelante aceptó que el impacto de las últimas revelaciones “ha sido tremendo” en la feligresía, llegando a muchos a confrontarse negativamente con su fe, “en algunos casos de manera devastadora”.

Señaló que toda esa información ha sido “un catalizador” del “proceso destructivo” en la autoridad moral de la Iglesia católica, porque se causó “gran dolor” a todos sus miembros.

“Las reacciones son muy diversas. Muchas personas están experimentando esta crisis como una prueba a su fe, pero hay quienes lo están viviendo como una oportunidad para ayudar a que el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, cambie para bien y emprenda nuevos caminos”, describió.

Sostuvo que no se trata de un problema exclusivo de Estados Unidos ni de la Iglesia, por eso deseó que la experiencia vivida pueda a sociedades en otros países a afrontar problemas similares sin esperar que exploten las crisis.

Se mostró preocupado por la decisión anticipada por varios magistrados del país de realizar investigaciones similares a la de Pensilvania, pero subrayó que nada debe detener la claridad y transparencia, porque “la herida se tiene que limpiar a fondo para que pueda sanar”.

“La Iglesia ha vivido muchas crisis y las ha superado por la fuerza de Jesucristo. Nos toca a todos, particularmente a los obispos y sacerdotes, asumir esta situación de frente y dejarnos afectar por esta realidad”, constató.

“Debemos actuar con la valentía que faltó en décadas anteriores, por cuya ausencia fue permitido tanto mal. Yo invito a todos a hacer lo que a cada uno le corresponde y lo que cada quien pueda hacer para atender a las víctimas de los abusos y a aquellos cuya fe ha sido afectada por todo esto”, concluyó. 

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